
La tapa de "On the rock" presenta un logo de tipo empresarial, de esos que son conocidos por todos -YPF, SFK, etc.- que parece transmitir lo que millones de personas ya saben: Calamaro es una marca registrada en sí mismo. Tanto, que ya tiene la tranquilidad de poder hacer lo que quiera y sienta cuando entra a un estudio de grabación, pues todo le está permitido. Por eso, el disco comienza con un flamenco que hace honores a la tierra en la que el Salmón mamó música como pocos. Titulado "Barcos", este tema cuenta con la participación del vocalista Diego "El Cigala" y el impecable Niño Josele en guitarra.
Desde su "Regreso" en 2005, Calamaro juega con su propia voz, tantea los límietes de sus propias cuerdas vocales y desciende hasta las fauces de su garganta dándole imprevisibilidad a sus canciones. El arte de pendular entre los extremos se lo imprime también al recorrido musical de este disco. Por eso, a un sensual bolero como "Te extraño" le añade dosis de rap español en la voz de Langui, y de allí se dispara a "El pasodoble de los amigos ausentes", un rock potente que recuerda en su métrica y su ritmo a "Días distintos" y en el que menciona a Tanguito y canciones clásicas como "La Balsa" y "Hoochie-Coochi Man".
Luego llega el turno de "Todos se van", una balada que parece sacada de "Honestidad brutal", que le da paso al corte de difusión del álbum, "Los Divinos", en la que exhibe frases que de tan simples son sabias e invitan a su desciframiento ("hoy es hoy, ayer fue hoy ayer"). Otro golpe de rock con "Flor de Samurai", que te baja de un sablazo al lamento de "Insoportablemente cruel", en el que Calle 13 -con su infinita capacidad para meter rima tras rima- refleja el enojo y la bronca que cualqiuera habrá sentido alguna vez hacia un/a ex novio/a. Y al salir de ese pozo casi depresivo, todo se convierte en una fiesta en la que no puede faltar una buena cumbia como "Tres Marías", con Vicentico.
El español Enrique Bunbury llega a "On the rock" para acompñar a Calamaro en la ranchera "Te solté la rienda", de José Alfredo Jiménez. Luego, Calamaro tiene una feliz regresión con "Me envenenaste", una canción al mejor estilo rock&roll de Los Rodríguez. Cambiando de tema: muchas veces se ha escuchado gente decir que disfruta de Calamaro porque no politiza sus canciones. ¡Error! Sobran los temas con contenido político en el repertorio del Salmón y en "On the rock", le suma uno más con el título "Gomontonera". Y por si no era suficiente, remata con "El Perro", donde también dispara sus dardos hacia el establishment político.

Calamaro podría haberse sentado sobre la gloria que le otorgaron discos como "Hotel Calamaro", "Alta Suciedad" u "Honestidad brutal". A partir de allí podría haberse reeditado y repetido hasta el hartazgo, pero no lo hizo. Con un impresionante disco en vivo en 2005 ("El Regreso") volvió para recordarle al mundo quién era él, pero también para avisarles que tenía más para ofrecer. Lo demostró con "El palacio de las flores" y "La lengua popular". Tampoco fue suficiente. "On the rock" demuestra que la comodidad no le sienta bien al artista que nunca temió ser políticamente incorrecto, ni desafinar en un show, ni cantar lo que sentía sin importar el género. Esto no pone en riesgo su carrera ni lo hará jamás, porque como dijo el periodista Rodrigo Fresán en la introducción del disco, "Calamaro permanece".
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