viernes, 23 de septiembre de 2011

Black and White America: la revancha de Lenny Kravitz

por Santiago Pérez Chiconi 
Cuando parecía que había perdido definitivamente el rumbo, Lenny Karavitz logró recuperar algo de la inspiración esfumada con Black and White America, su nuevo disco, el más funky y soul y menos rockero de toda su carrera. No será recordado como sus primeros trabajos, pero al menos este flamante material logró detener la caída libre que estaba atravesando desde hacía diez años.

El cantante y multiinstrumentista neoyorquino venía de editar los dos peores álbumes de su carrera, Baptism (2004) y It Is Time for a Love Revolution (2008),  y ahora pegó un volantazo y compuso un disco de fuertes raíces negras en el que mira más a Parliament, James Brown y Prince (influencias que mostró en toda su trayectoria pero de manera más solapada)  que a Zepellin y Lennon (sus referencias más obvias de sus primeros discos).
A diferencia de sus recientes y fallidos discos, en Black and White America a Kravitz se le nota que todo le fluye más: el groove, e incluso las estructuras de las canciones en la mayoría sin el clásico esquema de into-estribillo-puente…todo resulta más natural en este álbum.
Tres temas de estilo soul forman parte de lo mejor del disco: Liquid Jesus cantada a puro falsete, Looking Back On Love con reminiscencias de Barry White, y Sunflower, quizás la más destacada de todas. Otros de los puntos más altos son el power-funk de Come On Get It y Superlove un funky más clásico, al estilo de aquellas bandas de los setenta como Parliament, Funkadelic y Kool & The Gang.
La flojísima Rock Star City Life, es una de las pocas canciones de neto corte rockero, sin ningún instrumento adicional a las guitarra, bajo y batería, y nos da una muestra de lo acertado que estuvo Kravitz
al rumbear para otros sonidos en este disco. Otro tema similar, Everything, supera ampliamente a la anterior.
Por su parte, Stand ratifica la tendencia cada vez más extendida de elegir como corte de difusión canciones bastante lavadas que dejarán conformes a los sellos discográficos, pero que no son las que mejor representan a los discos.
Entre lo mejor se encuentran también el rock pasado por sintetizadores de In The Black y la ambiental I Can't Be Without You, cuya intro parece un homenaje al Ahes to Ashes de David Bowie. Y para que no lo acusen de explotar al máximo su propuesta retro, Kravitz se despacha con un tema de aires reaguetoneros cruzado con samplers, acompañado por el rapero Jay Z, con el que sale airoso.
Las únicas dos baladas, The Faith Of A Child y Dream, llegan cerca del final del álbum y si bien mantienen un nivel, no son lo más destacado y pierden por goleada si las comparamos con las que compuso
en sus mejores años, como Stand By My Woman o Can't Get You Off My Mind.
Pese a pecar de algo largo y desparejo, los 16 tracks de Black and White America representan el mejor trabajo de Kravitz desde aquel 5 que había publicado 1998, antes de que la llegada del nuevo milenio
lo hiciera desbarrancar.

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