martes, 26 de abril de 2011

Rata Blanca: preludio de una larga sonata

por Santiago Pérez Chiconi
Rata Blanca demostró desde el principio su singularidad en el escenario del heavy metal nacional a través de la placa homónima que marcó su auspicioso debut en 1988 y que dejó varias canciones clásicas del repertorio de la banda, una de las más longevas dentro del género. Si bien el éxito masivo iba a llegar con el siguiente álbum, este trabajo encumbró a Rata Blanca como el primer grupo heavy argentino con un guitar hero –su líder Walter Giardino-  y sirvió de cimiento para su extensa trayectoria, gracias a canciones como “El sueño de la gitana”, “Chico callejero” y “Preludio obsesivo”.

Giardino había formado parte brevemente de V8, una de las últimas alineaciones de la banda seminal del heavy argentino, pero abandonó sus filas luego de una pelea con Ricardo Iorio. Corría el año 1986 cuando, tras el impacto inicial de V8 a comienzos de la década, la escena del heavy nacional había perdido fuerza. Desalentado frente a ese panorama, el virtuoso guitarrista del barrio porteño de Flores
analizaba la posibilidad de continuar su carrera en Inglaterra. Pero realizó un último intento para poner en marcha un proyecto local y reunió a un grupo de músicos para grabar cuatro demos. Contento con
los resultados, Giardino reclutó luego a los músicos que iban a integrar la primera formación de Rata: su ex compañero de V8 Gustavo Rowek en batería, Guillermo “el negro” Sánchez en bajo y Sergio
Berdichevsky en la segunda guitarra. Luego de un incesante desfile decantantes y con la fecha para grabar el álbum demasiado cerca, Saúl Blanch tomó el lugar de vocalista, a pedido de sus compañeros ya que había cantado en algunos shows pero luego había decidido marcharse.
“Rata Blanca”, editado en octubre de 1988, provocó un fuerte impacto en la escena heavy local, ya que sirvió de bocanada de aire fresco con su propuesta de metal clásico con melodías y escalas inspiradas en compositores como Paganini, Bach y Vivaldi. Logró vender 20 mil copias tras los primeros meses de su publicación, una cifra enorme para ese marginal género.
El disco comenzaba con “La misma mujer”. Su machacante riff mid tempo inicial da paso luego a la aguda voz de Blanch  hasta que Giardino tiene su primera intervención virtuosa con el solo ubicado en la mitad de la canción. Una gran tema que, como todos los demás del disco, no logra se empañado por la discreta calidad de sonido de la placa.
“Solo para amarte” aportaba más contundentes riffs y solos a cargo del violero líder y es considerado un clásico de Rata, de esos que siguen siendo tocados en vivo en sus actuales recitales. La lenta y ambiental “Gente del sur” se apartaba de los cánones del heavy tradicional, hecho que le valió a Rata Blanca duras críticas de otras bandas y parte del público seguidor de un género muy apegado a la ortodoxia. Ese tema había sido uno de los demos que Giardino había grabado dos años antes, igual que la siguiente pista, la acelerada “Rompe el hechizo”.
Las letras de temáticas en torno a magos, hechizos y bosques encantados les valió comentarios sarcásticos de sus pares, pese a que era típica en el metal clásico europeo que influenció a Giardino, como la banda Rainbow que integraban sus admirados Richie Blackmore y Ronnie James Dio.
“El sueño de la gitana” abre con un riff inolvidable, uno de los mejores que Giardino creó en su vida, lo mismo que el monumental solo que llega luego, al que puede considerarse una verdadera obra maestra. Irrumpe luego “Chico callejero”,  una oda a la rebeldía adolescente que dio forma a otra de las canciones emblema que Rata deberá tocar en cada una de sus presentaciones en vivo hasta el resto de sus días. Cuenta la leyenda que anteriormente el líder de Rata había ofrecido la canción para V8 pero Iorio la rechazó.
Giardino tiene su momento exclusivo de lucimiento personal en la instrumental “Preludio obsesivo”, en la que da muestras de su talento para la digitación de cuerdas a toda velocidad. “El último ataque” es otra notable canción, con intrincados cambios de ritmos, un solo donde Giardino hace chillar la viola al máximo y una letra imposible de comprender en algunos pasajes debido a la peculiar dicción de Blanch. Otra hermosa pieza instrumental, “Otoño medieval”, ejecutada sólo con guitarras españolas, al estilo Yes, cerraba el álbum.
Dos años después Rata iba a encontrar a su cantante ideal, Adrián Barilari, y publicaría “Magos, Espadas y Rosas”, el disco más exitoso de su carrera que les haría ganar su lugar para siempre en la escena musical argentina  y latinoamericana.

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